escarlatina vacuna – ¡¡Mantenerse protegido!!

¿Buscas una solución para la afección que sufre tu hijo? No te preocupes, a pesar de no existir una escarlatina vacuna, quiero informarte sobre todos los pasos a seguir para que la fiebre escarlata se convierta en una historia que contar a los abuelos.

escarlatina vacuna

Escarlatina vacuna

La escarlatina es una enfermedad que se remonta a hace muchos años, de hecho es uno de esos padecimientos que hasta no hace mucho tiempo se llegó a considerar como una enfermedad erradicada de entre los países de Europa, pero pese a lo que podría parecer, ha vuelto a nuestras vidas y puede que incluso para quedarse.

La escarlatina es una enfermedad de origen infeccioso, que produce mucha fiebre y que es ocasionada por el streptococus pyogenes del serogrupo A. Es una enfermedad que se caracteriza, entre otras cosas, por ser muy contagiosa y que afecta sobre todo y en mayor medida a los niños, de ahí que haya que prestar especial atención a los pequeños de la casa, ya que sus defensas son más bajas que las nuestras.

Concretamente, en España ya se han registrado en los últimos dos años varios casos de niños que han contraído esta enfermedad. Normalmente la escarlatina se contagia mediante el sudor, la tos, saliva etc., por estas razones afecta más a los niños, al compartir vasos de agua, estornudar sin taparse, tocarse sin lavarse previamente las manos, etc., hábitos que a menudo los más pequeños descuidan.

La escarlatina como dijimos más arriba, es una enfermedad que se contagia con extrema facilidad, principalmente se transmite por vía respiratoria. Los síntomas son principalmente cuadros de fiebre muy alta, inflamaciones de las amígdalas o de la faringe, el paciente notará escalofríos, vómitos, náuseas, así como una notoria pérdida del apetito, dolores de las articulaciones, etc.

Los síntomas de esta enfermedad son un poco problemáticos en el sentido de que muchas veces se confunden con otras enfermedades más comunes y con las que la escarlatina vacuna comparte síntomas, por eso mucha gente al tener estos síntomas cree padecer varicela, sarampión, etc., cuando en realidad lo que está padeciendo es la fiebre escarlata.

Por esta razón es muy importante acudir al médico en cuanto se tenga la más mínima duda y por lo tanto que sea el especialista, como experto en la materia, quien diagnostique y quien recete el tratamiento oportuno. Lo normal es que el médico correspondiente recete unos medicamentos antibióticos y en el plazo de alrededor de cinco o siete días la enfermedad desaparezca. Durante esos días es muy conveniente tener en cuenta que se puede contagiar a los de alrededor, sobre todo niños, por eso hay que evitar el contacto físico en la medida de lo posible, lavarse mucho las manos, taparse siempre al estornudar así como al toser y nunca compartir vasos de bebidas, útiles de comida, etc.,

En cuanto a la automedicación, aquí podríamos escribir un libro. Mucha gente todavía continúa auto medicándose sin tener ni idea de medicina, siendo esto una auténtica temeridad y pudiéndose ocasionar un grave perjuicio para su salud. Con internet ahora la gente se cree tener los conocimientos necesarios para superar cualquier síntoma de una enfermedad, para ellos, basta con acudir al navegador, introducir los síntomas y listo. No nos cansaremos nunca de avisar de que no hay que medicarse uno mismo, que en cuanto se esté enfermo hay que acudir al médico de cabecera, que entre otras cosas está para solucionar tus problemas de salud.

vacuna para la escarlatina

¿Cuándo vacunarse de la escarlatina?

Realmente no existe una escarlatina vacuna propia y específica para prevenir o para curar la escarlatina, como sí existe en enfermedades que podríamos tratar como “parecidas”, llámese sarampión o incluso varicela. Aunque no se descarta que en no muchos años aparezca una vacuna contra la escarlatina, sobre todo ahora que parece ser que regresa a nuestras vidas con mucha fuerza y que parece que va a quedarse.

  • Estas dos últimas enfermedades sí que tienen una vacuna específica que se pone a una determinada edad para precisamente evitar la transmisión o el contagio de la misma.

Aún más por el simple hecho de que la escarlatina no posee una vacuna específica para evitar la misma, es más importante el hecho de llevar una vida preventiva ya desde niños. Es importante inculcarle bien a los niños desde bien pequeños a que lleven a cabo hábitos de higiene y de vida saludables, el hecho de lavarse las manos cada cierto tiempo y siempre antes de llevarse algo a la boca, sobre todo si antes han jugado o entrado en contacto con superficies que pudieran tener algún tipo de impurezas y enseñarles a evitar beber del vaso de otras personas, sobre todo si hay riesgo de contagio.

¿Quién debe vacunarse de la escarlatina?

En cuanto se descubra la vacuna contra la escarlatina (parece ser que hay grandes avances en ello) la misma entrará probablemente en el calendario escarlatina vacuna de cada comunidad autónoma y será de aplicación a los niños, en la misma forma que en el supuesto de la vacuna del sarampión, de la varicela y de muchas otras. El caso es que el número de contagios de la escarlatina descienda y llegue incluso a desaparecer.

La escarlatina es una enfermedad que en muchos otros países de fuera de Europa es muy común y como quiera que hoy en día la globalización hace que cada vez más gente emigre, hace que las enfermedades también se propaguen más, por eso la importancia de crear la escarlatina vacuna y contra otras muchas enfermedades.

como prevenir la fiebre escarlata sin vacuna

¿Cómo se hacen las vacunas?

Otro de los problemas que hay con las vacunas, es que últimamente hay una corriente o moda en muchos padres que están en contra de vacunar a sus hijos, por lo que deciden erróneamente en favor de los pequeños de la casa, creando un riesgo innecesario a los mismos ya que los hacen más expuestos a contraer la enfermedad para la que no se vacunan.

Es muy curioso e interesante el peculiar modo para crear las vacunas contra las enfermedades. Los científicos especialistas inventan o crean las vacunas con las propias bacterias y virus de las mismas enfermedades a las que se les aplica, pero de tal forma que no afecta al vacunado. Son virus o bacterias debilitadas, muertas o algo modificadas que hacen que nuestro sistema inmunológico desarrolle el mismo sus propios anticuerpos contra esa enfermedad.

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